Cuando pertenecemos a un lugar donde de manera inevitable nos identificamos con las personas que hacen parte de él, los objetos, espacios, colores, sonidos, etc. Tenemos la franca seguridad de que siempre será así, caemos en la terrible enfermedad de la costumbre, esa enfermedad que muchas veces nos venda los ojos con lazos de inseguridad, temor al cambio pero sobre todo dependencia… lo que nos hace difícil reconocer y aceptar que eso que esta alrededor se va, tiene que cambiar, se tiene que mover… nos aferramos a los mismos colores, las mismas palabras, lo mismos sonidos y duele verlos partir o simplemente cambiar, no nos preparamos para ese momento, lo peor es que la reacción siempre a eso es el reproche al abandono, cuántos de nosotros estamos dispuestos a que todo en la vida se tiene que mover, a que las personas cambiamos, los espacios, los sonidos, se transforman, es momento de empezar a comprender que cada situación tiene sus particularidades y que es única e irrepetible, comprender que no siempre por mucho que nos alejemos o por cerca que estemos todo será igual, aceptemos el cambio en nuestras vidas, disfrutemos de lo nuevo, y sepamos despedir lo que ya no está, solo así podemos seguir adelante y enfrentar cada cambio en nuestras vidas con la mejor cara con la mejor actitud y no queriendo disfrazar las nuevas experiencias con ropajes de las ya vividas… decidí que a partir de hoy me daré la oportunidad de dejarme sorprender por la vida… Estoy dispuesta al cambio!

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